Mes de Diciembre Segunda  Semana

El ángel anuncia a Zacarías el nacimiento de Juan el Bautista (Lc 1, 5-25).

El Evangelio de Lucas se abre con el ángel que habla a Zacarías en el templo y le anuncia el na­cimiento de Juan el Bautista. Zacarías e Isabel son estériles, no pueden concebir hijos y para colmo son también viejos. Podríamos decir que el evangelio comienza en una familia, la cual está signada por la esterilidad. Los dos ancianos progenitores no tienen descendencia. Resignados a lo inevitable, ahora no esperan otra cosa que la conclusión de su propia vida. El futuro ya está trazado sin otra esperanza. En ellos podemos ver la vida de tantos ancianos, resignados a pasar los últimos días de su vida en forma más o menos triste. Pero hay también muchas familias que no tienen hijos o que no quieren tenerlos. Pero Dios interviene con su Palabra y anuncia a Zacarías que su esposa engendrará un hijo. "¡Es imposible, es demasiado!", piensa Zacarías. Su incredulidad lo hace quedarse mudo, sin más palabra. La fuerza del amor del Señor se enfrentan muchas veces con nuestra incredulidad, con nuestra resignación; por eso, nos quedamos mudos, es decir, sin más palabras de esperanza, ni para nosotros ni para los demás. El que no escucha y queda cerrado en su “yo” no logra hablar a los demás. Si lo acogemos, el amor de Dios vence a nuestra incredulidad y nuestra esterilidad. Pero he aquí que Isabel, en su vejez, concibe un hijo: nadie es tan viejo que no pueda ver y obrar cosas nuevas y bellas.

ENTRE ABUELOS Y NIETOS. También hoy el Señor, ¿obra en la historia de las personas? Quizás los abuelos pueden contar algún episodio de su vida en el que confiaron particularmente en Dios y sintieron su presencia fecunda.