Mes de Diciembre Primera Semana

El evangelio es una buena noticia que cambia el mundo (Le 1, 1-4).

El evangelio no es el fruto de razonamientos o de pensamientos humanos; nace de acontecimientos verificados entre nosotros, como escribe Lucas. Se trata de las palabras y de los gestos realizados por Jesús de Nazaret. Estos "acontecimientos" se han convertido en evangelio, es decir, en buena noti­cia para el mundo entero, también para nosotros. Por lo tanto, el evangelio es una palabra viva que continúa hablando: es una buena noticia también para nuestro tiempo. La buena noticia es que con Jesús ha aparecido en la vida de los hombres la misericordia de Dios. El rostro de Jesús es el rostro misericordioso del Padre. Cada generación está llamada a confrontar con esta noticia, a re escucharla para extraer fuerza, luz, apoyo, compañía. Dirigiéndose a Teófilo, el evangelista quiere entregarle esta noticia para que se difunda en todo mundo. Ella ha llegado hasta nosotros. Todo aquel que ama al Señor o lo busca con un corazón sincero encontrará en ella la respuesta radical al sentido de la vida. Si nos acercamos a estas páginas redescubriremos la misma fuerza que emanaba del encuentro directo con Jesús. Podríamos decir, en efecto, que el evangelio nos hace contemporáneos de Jesús de Nazaret.

EN LA MESA. ¿Cuál es el episodio de la vida de Jesús que más te gusta? ¿Por qué? Narrémoslo mutuamente...

Mes de Diciembre Segunda  Semana

El ángel anuncia a Zacarías el nacimiento de Juan el Bautista (Lc 1, 5-25).

El Evangelio de Lucas se abre con el ángel que habla a Zacarías en el templo y le anuncia el na­cimiento de Juan el Bautista. Zacarías e Isabel son estériles, no pueden concebir hijos y para colmo son también viejos. Podríamos decir que el evangelio comienza en una familia, la cual está signada por la esterilidad. Los dos ancianos progenitores no tienen descendencia. Resignados a lo inevitable, ahora no esperan otra cosa que la conclusión de su propia vida. El futuro ya está trazado sin otra esperanza. En ellos podemos ver la vida de tantos ancianos, resignados a pasar los últimos días de su vida en forma más o menos triste. Pero hay también muchas familias que no tienen hijos o que no quieren tenerlos. Pero Dios interviene con su Palabra y anuncia a Zacarías que su esposa engendrará un hijo. "¡Es imposible, es demasiado!", piensa Zacarías. Su incredulidad lo hace quedarse mudo, sin más palabra. La fuerza del amor del Señor se enfrentan muchas veces con nuestra incredulidad, con nuestra resignación; por eso, nos quedamos mudos, es decir, sin más palabras de esperanza, ni para nosotros ni para los demás. El que no escucha y queda cerrado en su “yo” no logra hablar a los demás. Si lo acogemos, el amor de Dios vence a nuestra incredulidad y nuestra esterilidad. Pero he aquí que Isabel, en su vejez, concibe un hijo: nadie es tan viejo que no pueda ver y obrar cosas nuevas y bellas.

ENTRE ABUELOS Y NIETOS. También hoy el Señor, ¿obra en la historia de las personas? Quizás los abuelos pueden contar algún episodio de su vida en el que confiaron particularmente en Dios y sintieron su presencia fecunda.